Joaquín Ma Córdoba "Un caballero español en Isfahan"

La embajada de Don García de Silvia y Figueroa al sha Abbás el Grande (1614-1624)

Parte 5. El viaje por Persia

3.3. Embajador de España en Irán. El viaje y sus sorpresas

La ruta del viaje de Goa a Ormuz
см. крупно


Rumbo noroeste y a toda vela, la nave del embajador fue cruzando el Océano Indico hacia la costa de Arabia, que se avistó por fin el 8 de abril. Escribe Don García que el calor era ya muy grande, y la visión de la tierra tristísima, de «color arena bermeja, sin parecer en ellas cosa verde alguna, ni señal de ser habitadas». La navegación siguió hacia el nordeste, en paralelo a la costa, y con fecha del día 15 hizo una referencia que no me resisto a citar. Al amanecer distinguieron sobre las montañas de la costa omaní lo que los marinos portugueses llamaban «palleiros», «ciertos montes que parecen sobre las cumbres de las montañas, y son estos montecillos tres ó quatro»: en mi opinión, sus notas son la primera referencia conocida en la literatura de viajes a ciertas sepulturas preislámicas muy típicas de la Península de Omán.



Las sepulturas antiguas en la Península de Omán


Un día después, la nave doblaba el cabo de Recalgate -probablemente el hoy llamado Ra's al Hadd-, pues dice que al hacerlo durante la noche se apartaron mucho de tierra. Recuperado el rumbo, el piloto fiíe siguiendo la costa a favor de los vientos, ahora en dirección noroeste, hasta que el 19 divisaron las montañas próximas a Mascate, donde el embajador desembarcó al siguiente día. La mar dificultó la entrada del buque en el asombroso puerto de Mascate, un capricho de la naturaleza rodeado de riscos fragosos, coronados ya por fortalezas inexpugnables y todavía hoy impresionantes. Siendo lugar tan importante en la costa, la sencilla población árabe vivía en unas trescientas cabañas del tipo barasti -según la descripción de Don García-, destacando sólo algunas casas de portugueses de piedra y cal, y tiendas de indios y banianes junto a la parroquia, al pie de la fortaleza, que visitó minuciosamente. Muy pocos lusos, comerciantes y algunos soldados, la mayoría de la población de Mascate estaba compuesta por árabes y algunos judíos.

Mascate (XVII)La cabaña del tipo barasti


El día 22 se hicieron de nuevo a la mar. La navegación era cada vez más difícil: el 26 divisaron el islote de los Ratones, indicio cierto de la proximidad de Musandán, y tres días después llegaron a Ormuz, isla del estrecho y a dos leguas de la costa de Irán.

El estrecho de Ormuz


Llave de la entrada al Golfo Pérsico, la isla y ciudad de Ormuz constituían pieza decisiva del mapa portugués de la región, pero el embajador descubrió la debihdad de sus baluartes y su mala conservación. Poblada por unas «quarenta mil almas», Ormuz seguía desarrollando un activo comercio, y entre los habitantes cristianos, árabes e indios halló algunos sefardíes, que todavía hablaban español.
Ormuz (XVI)La fortaleza de Ormuz


Por la misma razón que en Goa, el embajador hubo de detener su viaje hasta el 12 de octubre, cuando embarcado en la galera San Francisco cruzó la mar restante y desembarcó finalmente en la costa de Irán, siendo recibido por el gobernador de la fortaleza de Bandel «con grandes demostraciones de cortesía».

La ruta del viaje por Persia (Bandel – Casbin)
см. крупно


Por fin comenzaba su verdadera embajada y entraba en contacto con los persas, cuyos trajes, modales y atenciones alaba reiteradamente. Tras algunos días precisos para reunir los caballos y camellos que su séquito precisaba, se puso en marcha por la antigua y seca Carmania, parando en caravansares como el de Guichi, y recibiendo agasajos y regalos de gobernadores locales, como el muy joven y atento de Cabrestán. Poco a poco empezó a entrar en las tierras altas y los valles de los Zagros, mejorando notablemente el paisaje y el arbolado. El 28 de octubre llegó a la ciudad de Lara, siendo recibido a media legua de ella por su gobernador, Chanberbec, «con mucha gente á cauallo, muy luzida de caballas ó aljubas de sedas de varias colores y tocas de oro, con cimitarras y puñales guarnecidas de oro y plato».
La ciudad de Lara le pareció semejante a la de Ormuz, con edificios de adobe y algunas de las mejores casas dotadas con lo que llama «catauientos», refiriéndose sin duda a la típica «torre de ventilación» de la arquitectura de Irán y las costas árabes del Golfo Pérsico.



"Catavientos" contemporáneos


Le llamó especialmente la atención la plaza del Bazar, que consideró comparable a muchas de las más famosas de Europa, y cuya vitalidad comercial y mercancías le maravillaron, deteniéndose con atención en todo.

El Bazar de Lar hoy día


Y tras los habituales agasajos y comidas con el gobernador, el 9 de noviembre continuó la marcha hacia el interior. Todo el camino va siendo minuciosamente descrito, entrando en los valles, comprando carneros a pastores turcomanos -cuyos tipos, trajes y costumbres describe, incluso trayendo a colación datos de su historia-, comentando de ciudades menores y campamentos además de algunas curiosas anécdotas, hasta que el 24 de noviembre hizo su entrada oficial en la ciudad de Shiraz.
Al principio, casas y calles no le llamaron la atención, hasta que llegó a una gran plaza en la que se estaba acabando de construir una «sumptuosíssima mezquita», y alojado en un palacio que poseía una gran sala «mayor que ninguna de la Casa Real de Madrid», con vidrieras, muros enlucidos de cal y muchas figuras de mujeres pintadas en los muros, cuyos vestidos y estilo le hicieron pensar en maestros italianos.

El mosque Shah CheraghBazar Vakil en Shiraz


Desde los miradores tenía magníficas vistas de los jardines y la ciudad, distinguiendo sus paseos y avenidas plantadas de árboles espléndidos, asombrado también ante la enorme cantidad de rosales cultivados, de cuyas flores se destilaba un agua que llegaba hasta la India y países mucho más lejanos.

Permaneció Don García en la ciudad hasta la primavera del año siguiente, por los rigores del invierno y por hallarse el sha en la costa del Caspio, hasta que un 4 de abril prosiguió su marcha camino de Isfahan. Sin embargo, a pocas leguas de Shiraz se apartó un poco de la ruta, por el deseo que tenía de ver las ruinas de Chilminara. Y «por ser este sitio, sin poderse poner duda alguna en ello, el de la antigua Persepolis», tomó su latitud el 7 de abril de 1618. Aunque no lo supiera o quisiera darle el valor que su descripción y conclusiones en reahdad tienen, el noble viajero español acababa de llegar a su cita con la Historia.

(continuará)